El movimiento articular regular mantiene la calidad del líquido sinovial, preserva la extensibilidad de los tejidos periarticulares y contribuye a la propiocepción. No es necesario que sea intenso; la regularidad tiene más valor que la duración.
Anatomía de la articulación de la cadera. Fuente: Wikimedia Commons.
La cadera es la articulación con mayor rango de movimiento teórico en el cuerpo: flexión, extensión, abducción, aducción, rotación interna y externa. Sin embargo, la vida sedentaria moderna tiende a utilizarla casi exclusivamente en flexión, lo que con el tiempo reduce la disponibilidad de los otros planos.
El calentamiento articular tiene como objetivo aumentar la temperatura de los tejidos periarticulares, mejorar la viscosidad del líquido sinovial y preparar los propioceptores articulares. Se distingue del calentamiento cardiovascular en que se centra en el movimiento articular sin carga, no en elevar la frecuencia cardíaca.
Una secuencia básica de calentamiento articular puede realizarse en 8-10 minutos e incluye movimientos circulares y de rango completo de tobillo, rodilla, cadera, columna, hombro, codo y muñeca. La progresión recomendada es distal-proximal (desde los pies hacia arriba) o proximal-distal, dependiendo de la actividad posterior.
Los ejercicios de rango de movimiento (ROM) son movimientos controlados que llevan la articulación hasta su amplitud disponible. Se clasifican en:
Las actividades de bajo impacto generan movimiento articular sin las fuerzas de impacto repetidas que caracterizan a la carrera o los saltos. Son especialmente adecuadas para mantener la movilidad articular con una carga mecánica moderada:
Los estiramientos mejoran la extensibilidad de los tejidos periarticulares (cápsula, ligamentos, tendones, músculos) y contribuyen a la recuperación del rango de movimiento perdido. Las pautas de eficacia documentadas indican:
La hidroterapia y el ejercicio acuático utilizan la flotabilidad para reducir la carga sobre las articulaciones mientras permiten trabajar el rango de movimiento y la fuerza muscular. El calor del agua (28-34°C) contribuye adicionalmente a la reducción de la rigidez percibida y a la relajación muscular.
Los ejercicios de ROM articular realizados en el agua permiten alcanzar mayor amplitud con menor percepción de esfuerzo, lo que facilita el trabajo en personas con limitaciones significativas de movilidad.
Una rutina básica de movilidad articular puede organizarse en tres fases: