La limitación del rango de movimiento articular no aparece de forma súbita. Suele ser el resultado acumulado de varios factores que interactúan a lo largo del tiempo. Identificarlos permite actuar de forma preventiva.
La inactividad física es uno de los condicionantes más documentados de la pérdida de movilidad articular. Cuando una articulación no se mueve en su rango completo de forma regular, se producen cambios adaptativos que restringen progresivamente ese rango:
El trabajo prolongado en posición sentada afecta especialmente a las articulaciones de cadera, rodilla y columna lumbar, que permanecen en flexión constante durante horas.
El proceso de envejecimiento afecta a todos los componentes articulares de forma simultánea:
Reducción del contenido de agua y proteoglicanos. El cartílago pierde resiliencia y su capacidad de reparación disminuye con la edad.
Disminución de la concentración de ácido hialurónico, con reducción de la viscosidad y capacidad lubricante.
Menor contenido de colágeno y elastina. Aumento de la rigidez pasiva, reducción de la tolerancia a cargas súbitas.
La sarcopenia —pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento— reduce el soporte dinámico de las articulaciones.
Las articulaciones de carga —rodilla, cadera, tobillo y columna lumbar— soportan fuerzas que son múltiplos del peso corporal durante la marcha. En la rodilla, la fuerza de compresión durante la marcha ordinaria equivale aproximadamente a 3-4 veces el peso corporal.
Un exceso de peso aumenta esta carga de forma proporcional, acelerando el desgaste del cartílago y la tensión sobre los ligamentos. Además, el tejido adiposo en exceso contribuye a un estado inflamatorio de bajo grado que afecta a la membrana sinovial.
Diversas condiciones metabólicas alteran la composición del líquido sinovial o generan depósitos en los tejidos articulares:
Los patrones posturales sostenidos durante la jornada laboral constituyen un factor de riesgo significativo. Los perfiles de mayor exposición incluyen:
El cartílago articular contiene entre 65% y 80% de agua. Una hidratación adecuada contribuye a mantener las propiedades viscoelásticas del cartílago y la calidad del líquido sinovial. La deshidratación crónica puede incrementar la fricción articular.
En cuanto a la nutrición, la síntesis de colágeno requiere vitamina C, y el mantenimiento del tejido conectivo involucra zinc, cobre y manganeso. Las deficiencias nutricionales sostenidas afectan la calidad de los tejidos articulares, aunque la relación directa con la rigidez es difícil de aislar de otros factores.